El arado
Aprieto firme mi mano,
y hundo el arado en la tierra.
Hace años que llevo en ella,
cómo no estar agotado. (bis)
Estribillo:
Vuelan mariposas, cantan grillos
la piel se me pone negra,
y el sol brilla, brilla, brilla.
El sudor me hace surcos,
yo hago surcos a la tierra,
sin parar. (bis)
Afirmo bien la esperanza,
cuando pienso en la otra estrella.
Nunca es tarde me dice ella,
la paloma volará. (bis)
Vuelan mariposas, cantan grillos
la piel se me pone negra,
y el sol brilla, brilla, brilla.
El sudor me hace surcos,
yo hago surcos a la tierra,
sin parar.(bis)
Y en la tarde cuando vuelvo,
en el cielo apareciendo una estrella.
Nunca es tarde me dice ella,
la paloma volará, volará, volará.
Como yugo apretado,
tengo el puño esperanzado,
porque todo cambiará.
Duerme negrito
Estribillo:
Duerme, duerme, negrito,
que tu mamá está en el campo,
negrito.
Duerme, duerme, negrito,
que tu mamá está en el campo,
negrito.
Te va a traer codornices para ti,
te va a traer muchas cosas para ti,
te va a traer carne de cerdo para ti,
te va a traer muchas cosas para ti.
Y si el negro no se duerme,
viene el diablo blanco
y ¡zas! le come la patita,
yacapumba, yacapumba, acapumba...
Estribillo
Trabajando, trabajando duramente.
Trabajando, sí
Trabajando y no le pagan.
Trabajando, sí
Trabajando y va tosiendo.
Trabajando, sí
Trabajando y va de luto.
Trabajando, sí
Para el negro chiquitito.
Trabajando, sí
Para el negro chiquitito.
Trabajando, sí
No le pagan, sí.
Duramente, sí.
Va tosiendo, sí.
Va de luto, sí.
Estribillo
El pimiento
En el centro de la pampa vive un pimiento.
Sol y viento pa' su vida, sol y viento.
Sol y viento pa' su vida, sol y viento.
Coronado por la piedra
vive el pimiento.
Luna y viento lo vigilan, luna y viento.
Luna y viento lo vigilan, luna y viento.
Cuando sus ramos florecen
es un incendio
tanto rojo que derrama, rojo entero.
Rojo entero.
Nadie lo ve trabajar bajo el suelo.
Cuando busca noche y día su alimento.
Cuando busca noche y día su alimento.
Pimiento rojo del norte atacameño,
siento el canto de tus ramos en el desierto.
Siento el canto de tus ramos en el desierto.
Debes seguir floreciendo
como un incendio
porque el norte es todo tuyo, todo entero.
Todo entero.
La plegaria a un labrador
Levántate y mira la montaña,
de donde viene el viento, el sol y el agua.
Tú, que manejas el curso de los ríos,
tú, que sembraste el vuelo de tu alma.
Levántate y mírate las manos.
Para crecer estréchala a tu hermano,
juntos iremos unidos en la sangre.
Hoy es el tiempo que puede ser mañana.
Líbranos de aquél que nos domina en la miseria.
Tráenos tu reino de justicia e igualdad.
Sopla como el viento la flor de la quebrada.
Limpia como el fuego el cañón de mi fusil.
Hágase por fin tu voluntad aquí en la tierra.
Danos tu fuerza y tu valor al combatir.
Sopla como el viento la flor de la quebrada.
Limpia como el fuego el cañón de mi fusil.
Levántate y mírate las manos.
Para crecer estréchala a tu hermano,
juntos iremos unidos en la sangre,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén. Amén. Amén.
Te recuerdo Amanda
Estribillo
Te recuerdo Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha, la lluvia en el pelo,
no importaba nada, ibas a encontrarte con él,
con él, con él, con él, con él.
Son cinco minutos.
La vida es eterna en cinco minutos.
Suena la sirena de vuelta al trabajo,
y tú caminando, lo iluminas todo.
Los cinco minutos te hacen florecer.
Estribillo
La sonrisa ancha, la lluvia en el pelo,
no importaba nada, ibas a encontrarte con él,
con él, con él, con él, con él.
Que partió a la sierra.
Que nunca hizo daño. Que partió a la sierra,
y en cinco minutus quedó destrozado.
Suena la sirena, de vuelta al trabajo.
Muchos no volvieron, tampoco Manuel.
Estribillo.
Vientos del pueblo
De nuevo quieren manchar
mi tierra con sangre obrera,
los que habland de libertad
y tienen las manos negras,
los que quieren dividir
a la madre du sus hijos
y quieren reconstruir
la cruz que arrastrara Cristo.
Quieren ocultar la infamia
que legaron desde siglos
pero el color de asesinos
no borrarán de su cara.
Ya fueron miles y miles
los que entregaron su sangre
y en caudales generosos
multiplicaron los panes.
Ahora quiero vivir,
junto a mi hijo y mi hermano,
la primavera que todos
vamos construyendo a diario.
No me asusta la amenaza,
patrones de la miseria.
La estrella de la esperanza
continuará siendo nuestra.
Vientos del pueblo me llaman,
vientos del pueblo me llevan.
Me esparcen el corazón
y me avientan la garganta.
Así cantará el poeta
mientras el alma me suene
por los caminos del pueblo
desde ahora y para siempre.